jueves, 9 de junio de 2011

Palacio Real.

 

Lo encontramos junto a la conocida Plaza Dam, y llama la atención por su tamaño y belleza. En sus orígenes fue el Ayuntamiento de Ámsterdam a mediados del siglo XVII. 

Fue a principios del siglo XIX, cuando tras ganar las tropas de Napoleón la batalla a los holandeses, su hermano Luis Bonaparte decidió que el edificio sería el Palacio Real tras proclamarse rey de Holanda. 

Se levantó por la necesidad de dotar a la ciudad de un ayuntamiento con más espacio, y sobre todo una sede que representara el poder y la riqueza del pueblo holandés. De esta manera, se eligió un proyecto arquitectónico de gran envergadura y poderío. 

De concepción clásica y sustentado sobre miles de pivotes de madera. En su parte exterior se observa una mayor austeridad, siendo su fachada construida en piedra y realizada en unas líneas sencillas, que encubren los bajorrelieves ornamentales que embellecen el frontón.

Sobresale en el conjunto la gran cúpula o domo, que esta coronada por una veleta con forma de velero holandés, y que actúa además como campanario. 


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