"El Cristo Crucificado" de Velázquez, refleja un dramatismo sereno, reforzado por un intenso fondo negro que contrasta con el cuerpo musculoso iluminado de Cristo.
La madera de la cruz que absorve la sangre, incrementa el drama de la muerte.
La tradición popular dice que Velázquez no podía copiar la expresión del lado derecho de la faz de Cristo y por lo tanto optó por cubrir el lado izquierdo con la cabellera.

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