Esta es la razón por la que los andaluces alpujarreños consideraban la posibilidad de recuperar sus libertades y así no verse obligados a escoger entre el destierro, la hoguera o la conversión forzosa al cristianismo, como les había ocurrido a sus conciudadanos en la cuidad.
El asedio castellano tiene su inicio en la ciudad de Guejar, donde se había centralizado la sublevación. Este primer asedio fue repelido hábilmente por los habitantes, enfangando los alrededores de la villa, por lo que quedó atrapado el ejército.
Una vez repuesto éste, envistió ferozmente contra los habitantes, degollando a cuantos hombres encontraron, saqueando toda la ciudad y sometiendo a esclavitud a las mujeres y niños.

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