Pintado en 1635, esta obra situa al Infante Baltasar Carlos montando a caballo en los jardines del palacio del Buen Retiro.
Las influencias italianas de Tiziano son evidentes, el claroscuro del paisaje y la figura, la sobre iluminación del torso del príncipe...
Es de destacar la pincelada a precisos impulsos y con distintos empastes con la que trabajó el paisaje de fondo.
Las influencias italianas de Tiziano son evidentes, el claroscuro del paisaje y la figura, la sobre iluminación del torso del príncipe...
Es de destacar la pincelada a precisos impulsos y con distintos empastes con la que trabajó el paisaje de fondo.
El efecto un tanto ingrato del animal, que visto frontalmente resulta algo rígido y desproporcionado, se corrige teniendo en cuenta que fue pintado para sobrepuerta, contando con la visión de abajo arriba, que le devuelve toda su vivacidad y audacia de escorzo barroco, técnica que Tiziano sin duda hubo de ver en grabados flamencos de exaltación militar, conocidos y aún populares en su tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario